Francisco era mi amigo, mi compañero de trabajo. Vivía pensando en el negocio fácil, en el matuteo profesional. Por ejemplo, se anticipaba a las temporadas de lluvia viajando a Iquique para comprar paraguas y traía cientos de paraguas que vendía a otros "matuteros profesionales". Un día llegó con una papa:
"...el BCI va a pagar su deuda subordinada. Esto significa que sus acciones van a subir así que voy a comprar... ¡Compra BCI!" me decía. Preso de su entusiasmo y sin un centavo, vendió su auto.
LLegó contento un día, porque había comprado muchas acciones con la venta de su auto y todos sus matuteos. Y vino el día anunciado. ¡El BCI pagó su deuda! El Banco organizó una gran fiesta y su presidente, don Jorge Yarur se puso de pié frente a la torta para decir el discurso. Pero en el preciso momento en que pronunciaba sus sentidas palabras, con la emoción del evento, los comensales gritando y brindando de felicidad, al conocido banquero le vino un infarto y al poco rato falleció. Las noticias de la noche dieron todo el detalle...
Al día siguiente mi amigo Francisco llegó demacrado: las acciones se desplomaron y lo perdió casi todo. Sin auto, sin paraguas y sin "un mango" mi amigo tuvo que esperar varios meses hasta que las acciones repuntaran de nuevo.
Moraleja: las tortas y las fiestas hacen mal para la salud y también para las finanzas...
Que estén bien
Alfonso

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