Hace años, con mi amigo Cristián estábamos mochileando en Puerto Varas.
No teníamos plata para nada. Pero esas locuras,
se nos ocurrió ir al Casino a tirar unas moneditas a los tragamonedas.
Yo perdí todo… Pero Cristián, en un toque de fortuna ganó un montón de plata.
Decidimos darnos un festín y nos dirigimos al Restorán Playa, un buen restorán de
ese entonces. No tardó en presentarse un mozo, bien parecido, que en perfecto
franco-chilensis con una elegante parsimonia nos dijo: “que se van a segvir los
señoges…?. Ante esta presentación tan solemne, no pudimos hacer otra cosa que pedir
un rico vino, ensaladas y una suculenta
parrillada. A poco andar y luego de otras elegantes morisquetas del francés,
noto que en mi flamante lechuga venía un curioso gusanito, que se retorcía con
el jugo de limón. Por mí, que había comido tantas porquerías, lo habría dejada
de lado.
Pero Cristián insistió “es un restorán caro. ¡¡Reclamemos!!”, seguido de un potente “Moozooo”. El francés se presentó con su morisqueta y al ver el gusano exclamó “Aaachhhuuuchaaaaa”. Y raudamente retiró el plato desapareciendo tras la puerta de la cocina. Minutos después se presentó con la respiración agitada y dijo en perfecto chilensis: “untedes van a perdonarnos, pero este ha sido un lamentable error… Por favor pidan lo que quieran…” hizo una pausa y prosiguió “…que les convenga a ustedes y a nosotros también…”
Cuento corto: pedimos una menta frappé. A mí, por el gusano, me trajeron un tremendo vaso… a Cristián, un minúsculo recipiente, parecido a un dedal.
Comentarios recientes
hace 1 año
hace 1 año
hace 1 año
hace 1 año
hace 1 año